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lunes, 31 de mayo de 2010

Los Cometas de la Familia de Júpiter, Fuente Principal del Polvo de la Luz Zodiacal

La luz zodiacal, ese tenue resplandor nocturno en las noches despejadas que no está causado por la Luna ni las estrellas sino por el polvo disperso en el espacio interplanetario, fue explicada por vez primera por Joshua Childrey en 1661 como la luz solar dispersada en nuestra dirección por partículas de polvo en el sistema solar. Sin embargo, la fuente principal de ese polvo ha sido objeto de debate desde entonces.
En un nuevo estudio sobre el tema, un equipo encabezado por Peter Jenniskens del Instituto SETI en Mountain View, California, y David Nesvorny del Instituto de Investigación del Sudoeste en Boulder, Colorado, ha llegado a la conclusión de que los asteroides no son la fuente principal. Según ellos, más del 85 por ciento del polvo se originó en la familia de cometas de Júpiter.
Este resultado confirma lo que Jenniskens sospechaba desde hacía tiempo. Como experto en lluvias de meteoritos, se había dado cuenta de que la mayoría deriva de polvo que se mueve en órbitas similares a las de los cometas de la familia de Júpiter, aunque sin tener asociados cometas activos en emisión de polvo.
Jenniskens descubrió un cometa inactivo en la lluvia de meteoritos de las Cuadrántidas en 2003, y desde entonces ha identificado otros cuerpos progenitores similares. Si bien la mayoría están inactivos en su actual órbita alrededor del Sol, todos tienen en común que se fragmentaron violentamente en algún momento de los últimos miles de años, creando estelas de polvo que ahora han migrado hacia la zona orbital de la Tierra.
Nesvorny y Jenniskens, con la ayuda de Harold Levison y William Bottke, del Instituto de Investigación del Sudoeste, David Vokrouhlicky del Instituto de Astronomía de la Universidad Charles de Praga, y Matthieu Gounelle del Museo de Historia Natural de París, han demostrado que esas fragmentaciones de cometas pueden explicar el espesor observado de la capa de polvo de la nube zodiacal.
Al hacerlo, han resuelto otro misterio. Se sabía desde hace mucho que la nieve en la Antártida está espolvoreada con micrometeoritos, de los cuales la mayoría (alrededor del 80 al 90 por ciento) tiene una peculiar composición primitiva, poco frecuente entre los meteoritos más grandes de los que se sabe que proceden de asteroides. Nesvorny y Jenniskens sugieren que la mayoría de los micrometeoritos antárticos son partículas de cometas. Según sus cálculos, los granos cometarios se sumergieron en la atmósfera terrestre a velocidades de entrada lo bastante bajas como para permitirles sobrevivir, llegar al suelo y ser recogidos después por algún cazador de micrometeoritos.

Los Cráteres en los Polos de la Luna Podrían Estar Electrificados

Debido al modo en que el viento solar actúa en los obstáculos naturales de la Luna, el mismo puede cargar a los cráteres polares lunares hasta hacerles alcanzar valores de cientos de voltios, según los nuevos cálculos de un equipo del Instituto de Ciencia Lunar de la NASA.
Los cráteres polares lunares son de interés debido a los recursos, incluido el hielo de agua, que allí existen. La orientación de la Luna con respecto al Sol mantiene el fondo de los cráteres polares en una sombra permanente, lo que permite a las temperaturas de esos puntos descender hasta los 240 grados centígrados bajo cero, un frío lo bastante intenso como para garantizar, si las condiciones se mantienen, el almacenamiento de materiales volátiles, como el agua, durante miles de millones de años.
Sin embargo, la nueva investigación sugiere que, además del tremendo frío, los exploradores (humanos o robots) que bajen al fondo de los cráteres polares lunares podrían tener que enfrentarse también a un entorno eléctrico complejo, el cual puede afectar a la química de la superficie, provocando, entre otras cosas, descargas de electricidad estática, o que el polvo se adhiera con firmeza a los exploradores.
El estudio ha sido efectuado por un equipo encabezado por William Farrell del Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA.
Las descargas de electricidad estática podrían provocar cortocircuitos en los equipamientos sensibles, mientras que el polvo lunar, muy adherente y abrasivo, podría pegarse a los trajes espaciales y resultar peligroso si no se retira por completo y acaba entrando con ellos en el interior de los módulos habitables de naves o bases, ya que puede desencadenar serios problemas de salud al ser inhalado durante largos periodos.
El viento solar es un tenue gas de componentes de átomos cargados eléctricamente (electrones con carga negativa e iones con carga positiva) que está circulando constantemente desde la superficie del Sol hacia el espacio. Dado que la Luna está sólo ligeramente inclinada en comparación con el Sol, el viento solar fluye casi horizontalmente sobre la superficie lunar en los polos y a lo largo de la región donde se hace la transición día-noche, el terminador.
Los investigadores crearon simulaciones por ordenador para descubrir qué sucede cuando el viento solar fluye sobre los bordes de los cráteres polares. Descubrieron que, en algunos aspectos, el viento solar se comporta como el viento propiamente dicho en la Tierra, fluyendo también por valles y cráteres polares profundos. Sin embargo, a diferencia del viento en la Tierra, la composición dual (electrones e iones) del viento solar puede crear una carga eléctrica inusual en un lado de la montaña o pared del cráter, concretamente, en el caso de un cráter, en el lado interno del borde ubicado directamente bajo el flujo del viento solar.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Captan un Revelador Eclipse Estelar en el Sistema de Epsilon Aurigae

Por primera vez, un equipo de astrónomos ha fotografiado el eclipse de la estrella Epsilon Aurigae por su misteriosa estrella compañera menos luminosa. Se han obtenido imágenes de una muy alta resolución, nunca antes alcanzada.
Epsilon Aurigae es conocida desde 1821 como un sistema estelar doble eclipsante, pero los astrónomos habían intentado infructuosamente durante muchas décadas averiguar la causa exacta de estos eclipses, los cuales se producen cada 27 años. La nueva imagen resuelve la cuestión: El eclipse es causado por un disco de material que acompaña a la estrella pequeña, un disco probablemente similar al que forjó nuestro sistema solar hace 4.500 millones de años, cuando los planetas comenzaron a formarse alrededor de nuestro Sol recién nacido.
El equipo de investigación incluye a astrónomos de la Universidad de Denver, la de Michigan y la Estatal de Georgia. Entre los autores del estudio figuran Robert Stencel y Brian Kloppenborg de la Universidad de Denver.
La imagen fue obtenida usando una técnica de interferometría, en la que un sistema informático de control y conexiones láser entre múltiples telescopios logran un poder de resolución equivalente al de un único y gigantesco telescopio, que resultaría inviable de construir físicamente.
Se empleó el CHARA, un conjunto de seis telescopios que se extiende sobre los terrenos del Observatorio del Monte Wilson. La captación de imágenes se hace reuniendo juntos los haces individuales de luz mediante combinadores de haces extraordinariamente precisos.
Este conjunto de telescopios es propiedad de la Universidad Estatal de Georgia y es operado por el Centro de dicha universidad para la Astronomía de Alta Resolución Angular. En servicio rutinario desde 2005, el conjunto CHARA ya ha conseguido varias primicias gracias a su capacidad para obtener imágenes de una alta resolución sin precedentes.